Por Melanie Ford, 22 agosto 2019

Artículo publicado originalmente por el CASTAC Blog, el blog oficial de Comité de Antropología de la Ciencia, Tecnología e Informática.

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Nota de traducción: En la versión en inglés de este post, la autora usa la palabra “void” para separar el vacío (the void) de su definición comúnmente entendida como espacios vacíos. Sin embargo, la palabra “vacío” en español se usa doblemente para denotar un espacio geográfico y físico sin masa. La autora reconoce esta lingüística conflictiva y continúa utilizando la noción de vacío para demonstrar cómo vinculan el lenguaje y la percepción especial.

Profundos barrancos en forma de cañón fracturan el cuarenta y dos por ciento de la ciudad de Guatemala. Cubiertos de espeso, húmedo y denso follaje, estos barrancos son sitios ecológicos de polémica para los residentes a la Ciudad de Guatemala, quienes a menudo han descrito los barrancos como límites físicos que desconectan a su ciudad. Son oportunidades para vertederos de basura que están fuera de la vista, fuera de la mente; viviendas informales para pandillas, violencia y los más pobres de la ciudad [1]; así como lugares precarios donde más se sienten los daños causados ​​por terremotos, inundaciones y deslizamientos de tierra. Sin embargo, en el 2006, la municipalidad de la ciudad reclasificó estos barrancos como un “Cinturón Ecológico Metropolitano,” identificándolos como sitios que necesitan atención ecológica y de desarrollo. Arquitectos en particular se han interesando especialmente en estos barrancos, abogando por diseños con una mentalidad sostenible que puedan desarrollar y conectar estos barrancos con el paisaje más amplio de la ciudad. Argumentan que los barrancos son espacios subutilizados y contaminados que trabajan en contra, en lugar de a favor, del ambiente construido. Interesada en la clasificación y producción de espacio, a continuación yo describo las condiciones que llevaron a los arquitectos a reconocer los barrancos como sitios con potencial de desarrollo en la Ciudad de Guatemala. Para ser designados como espacios para el desarrollo, sostengo que los barrancos primero necesitan ser redefinidos volumétricamente y epistémicamente, revelando nuevos parámetros para pensar sobre dónde puede residir el ambiento construido.

En el 2008, la Ciudad de Guatemala implementó el primer plan de desarrollo en todo el país. El plan, conocido como POT o Plan de Ordenamiento Territorial, literalmente y metafóricamente colocó los barrancos en el mapa. A través de un diseño algorítmico, los planificadores urbanos de la municipalidad designaron cualquier terreno que contuviera una pendiente de más de cuarenta grados como un sitio de atención especial para la conservación ecológica. Esos terrenos se reconocieron formalmente como “barrancos.” Este método de definir los barrancos fue influenciado por la creciente preocupación por la seguridad de quienes viven dentro de ellos. En respuesta, el fallecido alcalde Alvaro Árzu aludió a que con un plan de desarrollo que privilegiaba sostenibilidad, se podría dar mayor atención a las geografías que ocupaban casi la mitad de la ciudad pero que rara vez se les daba a un nivel formal. [2] Por lo tanto, debido al diseño algorítmico de POT, los barrancos recibieron límites legales y topográficos. Esta recién atención a la topografía de la ciudad proporcionó a los barrancos una nueva definición, una que enfatizaba su volumen. Desde este punto en adelante, el territorio de los barrancos incluía no solo las pendientes geológicas laterales, pero también el espacio vertical, tridimensional entre las mesetas de los barrancos y las grietas de los barrancos.

Posteriormente, en el 2010, un grupo de arquitectos guatemaltecos locales se unieron en torno a una idea para utilizar los barrancos como sitios para la transformación y mejora de la infraestructura de la Ciudad de Guatemala. Juntos crearon el colectivo Barranco Invertido como un esfuerzo organizado para diseñar el espacio vacío y vertical de los barrancos como sitios productivos de la ciudad. [3] Cuando hablé con los arquitectos sobre sus visiones para los barrancos, con frecuencia ellos señalaron cómo la forma única de cada barranco producía territorio nuevo y único que aún no se había estudiado. Al hacerlo, argumentaron que el diseño de los barrancos haría que la ciudad fuera más cohesiva al evaluar la mejor manera de utilizar cada barranco para satisfacer las necesidades sociales y ecológicas de su ambiente local. De manera crucial, también distinguiría la ciudad de Guatemala de otras ciudades en desarrollo en todo América Latina. En lugar de ser vista como otra ciudad latinoamericana subdesarrollada, la Ciudad de Guatemala podría convertirse en un sitio del siglo XXI que muestra un sentido de modernidad a través de una implementación cuidadosa del diseño sostenible y el desarrollo idiosincrático. En otras palabras, en lugar de ser vista como una ciudad anónima, subdesarrollada y desorganizada—como sostienen a menudo las suposiciones occidentales de las capitales urbanas en el Sur Global—la Ciudad de Guatemala podría empezar a construir una reputación internacional por sí misma al centrarse, enfatizar, y desarrollar sus barrancos como topografías distintivas que representan a Guatemala como un sociedad sostenible y moderna.

A Favor y En Contra de la Verticalidad

Cuando ha escrito sobre la búsqueda de modernidad en las ciudades posguerra en América Latina, Beatriz Jaguaribe sostiene que “las ciudades capitales tienden a exhibir una simbología de arquitectura deliberada que las distingue de otras ciudades. Simbolizan la construcción o las varias construcciones de un panteón nacional” (1999: 326). Del mismo modo, los paisajes distintivos de los barrancos tienen el potencial de convertirse en sitios únicos y estéticos que exponen a la Ciudad de Guatemala como un lugar que tiene individualidad geográfica y también como una ciudad con legibilidad internacional en el contexto más amplio de la planificación urbana, el desarrollo sostenible, e igualdad social. La preocupación por la igualdad social influencia la imaginación de los arquitectos por los barrancos. Dado que el cuarenta y dos por ciento del territorio de Guatemala son grietas profundas y verdes, los arquitectos están interesados en como la ciudad podría utilizar mejor estos espacios verticales y negativos para el mejoramiento social y al mismo tiempo conservar su diversidad ecológica. Para mejorar la ciudad, los arquitectos primero identificaron algunas maneras en que las formas verticales y geológicas de los barrancos provocan o mantienen desigualdades sociales. Un arquitecto señaló un asentamiento informal al fondo de un barranco, mostrándome cómo viven los ciudadanos más pobres de la Ciudad de Guatemala en las profundidades del barranco mientras que los residentes más ricos de la ciudad residen arriba de los barrancos. Barrancos, sugirió, ayudan a apoyar una jerarquía física y social dentro la ciudad. Los antropólogos también han señalado a los barrancos como sitios que influyen mucha movilidad social en la Ciudad de Guatemala. Como Kevin Lewis O’Neill y Benjamin Fogarty-Valenzuela han teorizado, “Para empezar, la verticalidad marca otra estrategia más por la cual la clases mas altas abandonan el espacio público; elevándose por encima de los pobres, los marginados, y los violentos, se relacionan entre sí mismos o entre sí pero no con sus conciudadanos de abajo…La verticalidad estratifica a la sociedad una estrato sobre otra” (2017: 379). Los geógrafos culturales han señalado a lo largo como un orientación vertical puede abrir nuevas perspectivas dentro dimensiones sociales y complexidad urbana (Battaglia 2012; Braun 2000; Harris 2015).

Los arquitectos de Barranco Invertido están aprovechando la verticalidad, exceptuando la de los rascacielos, que definen cada vez más el horizonte de la ciudad. Al diseñar los actuales barrancos con la forma vertical de la ciudad, los arquitectos argumentan que lo hacen imbuido con el llamado “buen diseño.” Buen diseño es un neologismo crítico para mis interlocutores. Se define de manera general como el conjunto de prácticas y técnicas que mejor se ajustan a las intenciones de algún proyecto de diseño (Hayward 1998). Citando movimientos arquitectónicos contemporáneas como los Urbanismos Ecológicos (Mostafavi and Doherty 2016), los arquitectos de Barranco Invertido están profundamente comprometidos con la relación entre la igualdad social y sostenibilidad en sus practicas de diseño. La conservación es para los arquitectos ambas ecológica y cultural, donde diseñar bien con el medio ambiente (en lugar de construir sobre el medio ambiente) podría mejorar la igualdad social en la Ciudad de Guatemala. Por lo tanto, los arquitectos a sí mismos se preocupan por la cuestión de cómo unir la ciudad de arriba con la ciudad abajo, y con el menor impacto ambiental posible. Como Esteban, un arquitecto de Barranco Invertido, argumentó, “y si la ciudad fuera lo contrario? En lugar de barrios marginales invisibles, se convirtieran en parte del paisaje cotidiano.” El espacio vacío y empinado entre las profundidades y las mesetas de los barrancos, en la opinión de Esteban, es lo que ha impedido que la municipalidad realice intervenciones serias en las desigualdades sociales y toxicidad que existen por debajo. Mientras las ideas para las casas flotantes y el transporte público son metas de alcance lejano, un parque ecológico llamado Jungla Urbana ubicado en un vecindario de clase media en Zona 15 y un puente que conecta la gran división del barranco en un vecindario en Zona 5 conocido como Primero del Julio han sido realizados.

Emerge el Vacío

Para los arquitectos, la forma ecológica única de un barranco produce un espacio inmaterial con el que es difícil de interactuar en un nivel de planificación. En lugar de utilizar las pendientes físicas de los barrancos, el espacio flotante que reside entre las mesetas de los barrancos es de interés para el desarrollo. Con sitios con poco límite o sin límite, estos espacios flotantes—ó vacíos—son problemáticos para trabajar a un nivel conceptual. Como Gastón Gordillo ha argumentado, la negatividad de un vacío en realidad tiene una presencia positiva y “puede ser en sí mismo un tipo de lugar,” una “escena de surgimiento (Casey 1997,17, 19-20)” (cite en Gordillo, 2012:57). Además, las nociones de estos vacíos están “subsumidas a estos lugares en el sentido de que vacío es un lugar, pero uno que es ‘desprovisto de cuerpo” (2012: 57). Esta ausencia de un cuerpo material no solo dificulta los modos de diseño que pueden existir en un espacio flotante, sino que también difumina los tipos de espacios que pueden diseñar y desarrollar. Si el espacio vacío que producen los barrancos entre sus mesetas puede considerarse como un vacío, y si los vacíos son lugares en lugar de espacios vacíos o desocupados, los arquitectos de Barranco Invertido están interesados en llevar el ambiente construido a un lugar “desprovisto de cuerpo.” En otros términos, esta atención al espacio único que ocupan los barrancos, no solo sus límites, sino el espacio vacío o desocupado producido entre sus mesetas, los transforma en un espacio actualmente desperdiciado y una oportunidad futura para mejorar la Ciudad de Guatemala. Por lo tanto, los barrancos se convierten inmediatamente en espacios desperdiciados con el potencial de desarrollado y construcción de la Ciudad de Guatemala una vez que se hayan considerado lugares que tenían el potencial de ser planificados en primer lugar. Además, la verticalidad de un barranco siguiere una nueva concepción de que espacios se pueden construir, además de añadir que tipos de espacio se pueden desperdiciados. [4]

En general, el espacio vacío o desocupado que se encuentra entre las mesetas y las profundidades de los barrancos son espacios de desarrollo que anteriormente no se reconocían. A los ojos de los arquitectos, es precisamente su subdesarrollo lo que ha estado impidiendo una Ciudad de Guatemala más unificada. Si el llamado “buen diseño” de los barrancos pudiera aliviar la desigualdad social y ambiental al reconocer que el entorno natural y social son influidos mutuamente, los arquitectos primero necesitaban designar los barrancos como espacios vacíos o desocupados que necesitan un diseño para eliminar los problemas que la verticalidad del barranco crea. El espacio vacío o desocupado entre las mesetas y las profundidades de los barrancos se convirtió en un sitio de imaginación para puentes, escaleras, casas flotantes y más, que podrían llenar cuidadosamente los espacios vacíos o desocupados que ya existen. Haciendo eco a lo que Gastón Gordillo ha teorizado sobre la presencia positiva de los barrancos, los arquitectos conceptualmente convirtieron las dimensiones del espacio que flota entre las mesetas de los barrancos de espacios inexistentes y desocupados a espacios desperdiciados. El reconocimiento del potencial de desarrollo de estos espacios es precisamente lo que hizo que su subdesarrollo y no desarrollo fuera potencial desaprovechamiento para la unificación de la Ciudad de Guatemala. En otras palabras, el concepto del vacío ha ayudado a visualizar los espacios flotantes libres de los barrancos como lugares particulares—un descriptivo que abre posibilidades para que las nociones del ambiente construido puedan y deban residir.

Notas

[1] Por ejemplo, uno asentamiento informal en el barranco conocido como La Limonada contiene más de sesenta mil residentes.

[2] Este plan de uso de la tierra es parte de una iniciativa municipal más grande conocida como ‘Guatemala 2020,’ un plan que tiene como objetivo tomar en consideración los diversos usos y colaboraciones entre el ambiente urbano y el ambiente natural.

[3] Inversión para Barranco Invertido es un concepto que trabaja para visualizar y colapsar las cualidades espaciales de los barrancos.

[4] Las narrativas de desarrollo y nociones de la frontera siguen siendo fundamentales en la imaginación de los futuros de los barrancos. Por obtener más información sobre la crítica del desarrollo, consulte Escobar (2018; 1994).

Referencias

Battaglia, Debbora. “Coming in at an unusual angle: Exo-surprise and the fieldworking cosmonaut.” Anthropological Quarterly (2012): 1089-1106.

Braun, Bruce. 2000. “Producing Vertical Territory: Geology and Governmentality in Late Victorian Canada.” Ecumene 7 (1): 7–46.

Casey, Edward. The fate of Place: A PHilosophcial History. Berkeley: University of California Press, 1997.

Escobar, Arturo. Designs for the pluriverse: radical interdependence, autonomy, and the making of worlds. Duke University Press, 2018.

Escobar, Arturo. Encountering development: The making and unmaking of the Third World. Princeton University Press, 2011.

Gordillo, Gastón R. Rubble: The afterlife of destruction. Duke university press, 2014.

Harris, Andrew. “Vertical urbanisms: Opening up geographies of the three-dimensional city.” Progress in Human Geography39, no. 5 (2015): 601-620.

Hayward, Stephen. “‘Good Design Is Largely a Matter of Common Sense’: Questioning the Meaning and Ownership of a Twentieth-Century Orthodoxy.” Journal of Design History 11, no. 3 (1998): 217–33.

Jaguaribe, Beatriz. “Modernist ruins: National narratives and architectural forms.” In Alternative Modernities, Duke University Press, 1999.

Monterroso Juarez, Raul Estuardo, et. al. “Ciudad/Barranco: Análisis estratégico de potencialidad y economía territorial de los barrancos del Municipio de Guatemala como herramienta para la sostenibilidad en los asentamientos humanos.” Universidad de San Carlos de Guatemala, 2014.

Mostafavi, Mohsen, and Gareth Doherty, eds. Ecological urbanism. Lars Müller Publishers, 2016.

O’Neill, Kevin, and Benjamin Fogarty‐Valenzuela. 2013. “Verticality.” Journal of the Royal Anthropological Institute 19 (2): 378–89.

Scott, James C. Seeing like a state: How certain schemes to improve the human condition have failed. Yale University Press, 1998.